​IN MEMORIAM

RODOLFO MOLINA

"Su alma contagiaba paz, su sonrisa era simple alegría.  Lo que el viento hoy nos arrebata ya no es posible detener. Pero la huella y el alma del artista siempre estarán alimentando de vida nuestras casas y nuestros corazones"

Familia Molina



Como amigo, siempre te hacía sentir que eras especial y único. Nos consintió siempre a Todos logrando lo que pocos seres: dejar huella no solo en lo artístico sino también en lo personal. Toco la vida de todos y cada uno de los que fuimos sus amigos. Tenía el don de unir a personas tan diversas y siempre valorando y respetando a cada uno como era. Eso y más ha sido Rodolfo!" 

Lisette Castillo

Este espacio está dedicado a la vida y legado del arquitecto, pintor y gestor cultural salvadoreño Rodolfo Francisco Molina.   El sitio ha sido creado con fines educativos con el gentil apoyo de amigos, colegas, alumnos, y familiares de Rodolfo.  Hemos invertido casi dos años documentando las obras e influencia del arquitecto Molina como gestor de las artes. Agradecemos infinitamente a todos los colaboradores por compartir sus comentarios, datos históricos, homenajes y fotografías.  Nuestro objetivo es inspirar a presentes y futuras generaciones a luchar por preservar el patrimonio cultural de El Salvador y valorar al arte como un instrumento de regocijo y paz en nuestras vidas.   Tres frases describen a Rodolfo Molina en su vida: un apasionado del arte, un arquitecto de sueños y un hombre de paz.   Rodolfo amaba pintar desde niño y su talento florece durante su adolescencia cuando dedica largas horas a su arte disfrutando a su vez de la lectura y el estudio. Con el tiempo, su dedicación y talento le permiten convertirse en un reconocido artista, un intelectual de las artes y un respetado gestor cultural.  Los conocedores de su obra nos hemos deleitado por casi 35 años con sus novedosos trazos semi abstractos e inigualables mundos de colores.  Hoy tenemos como legado un universo de creaciones que incluyen sus "espacios en movimiento", sus peculiares “sillas”, sus exuberantes paisajes, su sincretismo, sus magistrales interpretaciones de agua y piedras, sus propuestas deconstructivistas, su arquitectura utópica, su trópico y sus ciudadelas. Las obras de Rodolfo se refrescan con el tiempo pero siempre despertando nuestra imaginación con mensajes profundos que invitan a reflexionar acerca de lo cotidiano, sobre nuestra existencia y la invasión del urbanismo en la naturaleza.  Paralelamente, así como su arte, Rodolfo también es un hombre que disfruta de renovar sus sueños. Siendo un joven arquitecto, Rodolfo ya era considerado uno de los pintores contemporáneos más prometedores de El Salvador a nivel nacional e internacional. El auge de su producción artística ocurre durante el conflicto armado que sufre El Salvador en los años 80.  El pertenece a la generación de la "guerra". Pero, su obra en esa etapa es colorida como un grito de esperanza.  Sus pensamientos y actuar en las etapas subsiguientes confirman su anhelo de vivir en una sociedad respetuosa de la vida, cultivadora de talento y colmada de paz.
La trayectoria de Rodolfo en las artes es amplia y trasciende fronteras.  Además de ser pintor y arquitecto, el colabora a través de su vida con museos, entidades pro arte y universidades en calidad de curador, gestor o maestro. Desde joven es un fiel defensor del patrimonio cultural.  Su liderazgo se confirma cuando acepta cargos de alta responsabilidad como Director Nacional de Artes, presidente de la Fundación Julia Díaz, líder del INAR y Museo de Arte Popular, vicepresidente del grupo TEA de escultura y pilar de la bienal de artes visuales centroamericana en El Salvador.   El a su vez dedica al menos los últimos 12 años de su vida a promover el talento de nuevos valores y colaborar en proyectos especiales con el Museo de Arte de El Salvador, MARTE.  Rodolfo Molina hoy se distingue por ser uno de los primeros artistas salvadoreños que dedican su vida a la curaduría y gestión cultural.  En Marzo del 2013, Rodolfo cumplió su misión en nuestra tierra.  Múltiples homenajes, sentimientos de solidaridad y palabras de admiración surgieron ante su partida.   En ellos podemos encontrar cualidades de Rodolfo como profesional y como ser humano.   Muchos lo recuerdan como un hombre talentoso pero genuino, sencillo y pausado.  Otros rememoran sus exquisitas creaciones añorando su sonrisa y calidez.  Algunos destacan sus dones culinarios y anécdotas como genial anfitrión.  En los medios los expertos y colegas coinciden en que su ausencia deja un notable vacío en el desarrollo de las artes de El Salvador y del istmo centroamericano. La mayoría, sin embargo, lo distingue por su generosidad, don de gente y paz interior.  En lo personal yo lo recuerdo como un hijo maravilloso, un amigo sincero, un tío primoroso y especialmente como a mi querido hermano.


AMANTE DE LA PAZ, LA CULTURA Y ARTE

Nota del Editor

Maria de los A. Molina